Navegante del camino
Caminando se da comienzo, al caminante, a la pisada. Al tropiezo y al camino. Al comienzo sin final.
Este trayecto ha sido escabroso, a pesar que mi huella sigue marcada en el fango. A pesar que mi perfume ha enamorado a los árboles, formando una delgada capa en la atmósfera. La capa donde vivo. Donde soy. Lugar en que ocurre la implosión de mis pensamientos más aberrados.
He allà mi caminar, con pausas, pero apresurado.
Quién sabe que cosas he visto, que ni siquiera recuerde. Cuántos fantasmas me han abrazado, fuertemente, sin sostener nada más que sus deseos. Quién sabe lo que sé, que me hace seguir caminando.
Sigo siendo el mismo, sin saber el rumbo exacto de mi fe y mi morada. Navegante del camino Navegante sin barca, sin brújula y sin estrellas. Rumbo al nunca jamás, del que tanto hablan, y hablan, sin que me quite el sueño de estrellarme y hallar las verdaderas estrellas, rompiéndome en pedazos para ser el guÃa de los que llegan y se van. Navegantes navegados, perdidos en su destino. Sin rumbo y sin final.
Ciego de un ojo continuo, sin querer pensar.
Prefiero andar de espaldas, para apreciar aquello que dejo a mi paso. Aquello y aquellos. Lo que amo, lo que odio. A mà y a mi mismo. A Los milagros de la vida. A la jaurÃa de demonios de los que he salvado el alma.
Los veo a todos. Huyendo, ocultándose. Despidiéndose, o en algunos casos, persiguiéndome sigilosamente.
Me hablo caminando, para sentir compañÃa. Pero mis oÃdos están tapados. Quizá se han cansado de escuchar mis disimulados gritos. Mi atorrante voz de niña malcriada. OÃdos sin manos para golpearme, los entiendo. No solo a ellos, que forman parte de mÃ, también a los oÃdos ajenos, que me deben menos atención.
¿Estas allÃ, esperándome?. Porque yo estoy empezando a cansarme de esperar encontrarte. De caminar ansioso a que devores las piernas de éste inútil cuerpo. Débil materia que se corrompe.
Quiero volar fuera de esta asfixiante atmósfera. Añoro el comienzo, anhelo el final. Exhausto, ruego por el milagro de descubrir esas huellas que no son las mÃas.
Extraño la sabidurÃa del genio quien calzó mis primeros zapatos. Genio que yace ahogado en la botella del olvido. Aun siento su enmudecida voz pidiendo auxilio dentro de mÃ.
Levanto mi pie lleno de cadáveres.
Y continúo con mi quebrantado andar.
October 29th, 2007 at 8:49 am
Que hermoso en verdad. Un gran abrazo desd Venezuela