El recuerdo maldito

Una noche de insomnio el diablo se presentó en mi alcoba. Tocó la puerta con sus pesuñas en un gesto de educación. Lo hice pasar sin hacerle esperar.

Esa noche se sentó en mi cama y el fuego se esparció por todo el cuarto. Mirándome a los ojos me dijo: “Es la rabia, el rencor y el odio que llevas dentro lo que hace que tus oraciones sólo las escuche yo. Por eso he venido a ayudarte de la manera en que me lo pidas…”

Y entonces le dije:

El recuerdo maldito

Quema los recuerdos del amante pasajero
del ladrón de lágrimas
del zorro disfrazado de oveja

Quema los recuerdos del jinete sin caballo
del payaso sin nariz roja
del gigoló de interiores rotos

Quema los recuerdos del poeta que robó mis versos
del pirata que profanó mi templo
del lobo que se alimentó de mi corazón

Quema los recuerdos del tonto que me hizo más tonto

Quema el recuerdo del recuerdo que no es suyo
del recuerdo que no es mio
del recuerdo que tiene un mendigo
del recuerdo que ofende al amor puro

¡Quema el cuerpo!
¡Quema el alma!
¡Quema la descendencia,
del hombre que tanto odio!

Me escuchó en silencio y al culminar mis versos me tomó de la nuca y me besó, carbonizando mis labios. Me acarició toscamente el pecho y marchitó el amor en mi vida. Me escupió en la frente y convirtió en demonios mis recuerdos dolorosos.

Abandonó mi alcoba en llamas, pero nunca me dijo si haría mi voluntad.

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