“El papel lo aguanta todo…†– Dijo mi madre mientras me veÃa con los ojos cargados de lágrimas desempolvando las cartas de mi pasado.
Mi tristeza ya no era la perdida de un amor. Ya no era la necesidad de sentir el amor de cualquiera de las mujeres que me amó y me escribió bellas cartas en el pasado. Mi nostalgia era saber que nunca más volveré a sentirme como cuando recibÃa esas cartas, como cuando las escribÃa yo también.
De verdad da pena saborearme y encontrarme tan insÃpido hoy en dÃa. ¿A dónde se fueron mis locuras de amor? ¿En qué recóndito lugar escondà mis impulsos incontrolables de amante?
Es irónico como lo que amas suele huir de las maneras más originales de ti y como el miedo a sufrir te hace ocultar esos sentimientos que te hicieron vulnerable, que te causaron dolor, y luego cuando quieres ir por ellos, cuando quieres que te arrebaten el juicio y te hagan ser maravilloso nuevamente… ya ni recuerdas el escondite.
“El papel lo aguanta todo, pero a la pluma se le agota la tinta…†– Continuó diciendo mi madre al percatarse que captaba mi atención – “y si no consigues el tintero no debes asustarte, preocúpate si cuando lo consigas lo encuentras vacÃoâ€.
¡Ah, ahora puedo sentirme mejor, claro! Tan sólo he perdido mi tintero o simplemente me quedé sin tinta… ¡Bien bueno!
Los padres dentro de su sabidurÃa no pueden entender que en ciertas ocasiones “la ayuda no ayudaâ€. Supongo que tendré que convertirme en uno para poder dejar de entender eso…
“¿Sabes que?†– Interrogué a mi madre – “DeberÃa existir el dÃa del hijo, ¿eh?†– Y me escape de ella una vez más mientras salvaba esas lágrimas suicidas en mis párpados. Una vez más usé un comentario poco elocuente para cambiar un tema del que no querÃa hablar, del que no tengo nada que decir. No con mi madre.
No hay nada peor que hablar con alguien que te mira a los ojos sabiendo exactamente por lo que estas pasando y peor aún, que sabe precisamente por lo que pasarás dentro de poco. Quizás hablo por mi cuenta, pero ciertos momentos necesito ese comentario incrédulo “¡No puede ser!†o esa pregunta indiscreta “¿y ahora que piensas hacer?â€.
Si, es asÃ, casi siempre no queremos respuestas, ya las sabemos, tan sólo queremos que nos escuchen con atención y espontaneidad.
Asà que como he de suponer, la respuesta es que algún dÃa encontraré aquello por lo que he sentido nostalgia hoy, es más, la respuesta precisa es que con certeza lo encontraré, tarde o temprano pero asà será. Aja… ¿y por eso he de reconfortarme? La verdad es que me limpio los mocos con esa certeza. ¡Lo que quiero es de inmediato! Uno no entra a una sala de emergencias con un infarto esperando que el doctor le diga: “Tranquilo, con certeza se le pasaráâ€. Por supuesto que se me pasará el infarto, me muero o sobrevivo, más allá de eso no va a pasar… ¡Atiéndame carajo!
Claro que lo de hoy no es para tanto, pero si es motivo de preocupación, por lo menos para pensarlo detenidamente unos minutos al dÃa o mÃnimo a la semana y tratar de hacer algo al respecto… no sé, ¿fumarse un cigarro talvez?