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	<title>Gubatron.com &#187; Los Detalles</title>
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	<description>Another Venezuelan Geek in New York</description>
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		<title>Rutina</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Dec 2004 19:29:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gubatron</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los Detalles]]></category>
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		<description><![CDATA[Hablemos de la rutina. Â¿Amiga o enemiga?
Todos nos quejamos de ella a menudo, pero sin ella la mayorÃ­a de nosotros estuviese completamente perdido, sin horizonte alguno. Indeseable y necesaria, asÃ­ parece ser.
En innumerables ocasiones he visto perecer relaciones de pareja por el &#8220;mal de la rutina&#8221;, he podido ver como aquello que nos enamora luego [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hablemos de la rutina. Â¿Amiga o enemiga?</p>
<p>Todos nos quejamos de ella a menudo, pero sin ella la mayorÃ­a de nosotros estuviese completamente perdido, sin horizonte alguno. Indeseable y necesaria, asÃ­ parece ser.</p>
<p>En innumerables ocasiones he visto perecer relaciones de pareja por el &#8220;mal de la rutina&#8221;, he podido ver como aquello que nos enamora luego se convierte en un martirio. Tarde o temprano todos repetimos lo que somos, nos reafirmamos constantemente. Nos convertimos en rutina para los demÃ¡s, para quienes amamos.</p>
<p>No podrÃ­a afirmar contundentemente que los hombres tenemos mayor tolerancia a la rutina, pero por experiencia propia he visto mayor nÃºmero de mujeres peder la paciencia al respecto. Sin embargo cuando las mujeres se reÃºnen con sus amigas podrÃ­a apostar que hacen exactamente lo mismo que hicieron la Ãºltima vez que se vieron&#8230; al igual que nosotros los hombres. En todo caso lo que varia es el chisme, pero ese no es el punto de lo que escribo.</p>
<p>Lo que hasta cierto punto me incomoda es esta especie de &#8220;culto antirutina&#8221; que veneran algunas personas. Todos los extremos son malos. Y me pregunto de verdad cÃ³mo podrÃ­an sobrellevar estas personas sus relaciones de pareja, con la ilusiÃ³n de que sean estables, pero que no caigan en la rutina. Amigos mÃ­os, la estabilidad es una rutina.</p>
<p>La estabilidad es peligrosa porque puede adormecer nuestros sentidos, estancarnos en nuestro desempeÃ±o profesional, personal y sentimental, sin embargo es deseada por la mayorÃ­a de nosotros.</p>
<p>En cuanto a mi respecta, me parece que para variar la rutina no hace falta abandonarla. Las rutinas crecen y se hacen mÃ¡s grandes, pueden ser alimentadas pero lo que realmente importa en una rutina es redescubrir los personajes en ella.</p>
<p>Â¿Cuantos hombres no han regalado rosas en una ocasiÃ³n a sus prometidas? Â¿Y cuantos no han repetido ese mismo regalo en muchas otras ocasiones (abarcando una gran gama de flores)? Un dÃ­a una docena de rosas. Otro dÃ­a un ramo de cincuenta rosas. Cientos de rosas. Un cuarto lleno de rosas&#8230;</p>
<p>Pareciera que la cantidad aumentara con la necesidad de intensificar el &#8220;detalle&#8221; con tal de no hacerlo ver rutinario. En mi caso personal he visto pasar desapercibidas las flores en mi cara&#8230; con un miserable gracias con suerte.</p>
<p>Con este ejemplo tan sencillo lo que quiero explicar es lo siguiente: Â¿no sigue siendo hermoso el detalle de las flores? El caso parece que para quien las regala si, pero para quien las recibe no. Quien las regala sabe lo que significan, quien las recibe ya ha olvidado su significado. Quien las regala sabe a quien se las dedica, quien las recibe ya no encuentra la dedicatoria. En resumidas cuentas, el primero redescubre un personaje como el motivo de las flores, el segundo ya piensa que las flores son el motivo.</p>
<p>Redescubrirnos dentro de nuestras rutinas las hace novedosas, ligeras y emocionantes, porque verdaderamente por mÃ¡s que las circunstancias sean parecidas en diferentes intervalos de tiempo, nosotros no lo somos.</p>
<p>Descubrir le da un significado a algo. Redescubrir le da un significado a algo. Ambos significados no necesariamente son similares.</p>
<p>Paulo Coelho cita en su libro &#8220;Manual del Guerrero de la Luz&#8221; una de las enseÃ±anzas de Nachman Bratzlav: &#8220;Si no consigues meditar, debes repetir apenas una simple palabra, porque esto hace bien al alma. No digas nada mÃ¡s, apenas repite esa palabra sin parar incontables veces. Ella terminarÃ¡ perdiendo su sentido y despuÃ©s adquirirÃ¡ un significado nuevo. Dios abrirÃ¡ las puertas, y tÃº terminarÃ¡s usando esta palabra para decir todo lo que querÃ­as.&#8221;</p>
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		<title>Experimentado</title>
		<link>http://www.gubatron.com/blog/2004/11/25/experimentado/</link>
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		<pubDate>Thu, 25 Nov 2004 18:28:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gubatron</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los Detalles]]></category>
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		<description><![CDATA[Un experimento. Eso es mi vida, un largo y curioso cÃºmulo de pruebas, de acciones y reacciones vistas desde un microscopio y otras veces vistas con un solo ojo, a la distancia y durante una noche sin luna.
No siempre fue asÃ­. En un principio todo parecÃ­a ir y venir a un ritmo casi impredecible, como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un experimento. Eso es mi vida, un largo y curioso cÃºmulo de pruebas, de acciones y reacciones vistas desde un microscopio y otras veces vistas con un solo ojo, a la distancia y durante una noche sin luna.</p>
<p>No siempre fue asÃ­. En un principio todo parecÃ­a ir y venir a un ritmo casi impredecible, como las olas del mar. Pero al poco tiempo ya sentÃ­a el tiempo de las olas, como se cuentan en una canciÃ³n.</p>
<p>En eso me he convertido. En un mÃ©todo, prÃ¡ctico y Ãºtil. Eficiente para aquello que me es completamente indiferente.</p>
<p>Cuanta lÃ³gica hace falta para darse cuenta que calcular cada movimiento no hace mÃ¡s que estropearte el paso. Â¡Es como bailar mirÃ¡ndose los pies!<br />
Â¡Al diablo mi torpe baile de reciÃ©n graduado!</p>
<p>En mi diario hay muchas formulas para hacer explotar la mente, la boca, el corazÃ³n o las entraÃ±as. Nadie las ha dictado para mi. Yo sÃ³lo he sido el gran tonto que usa el mÃ©todo cientÃ­fico, quien observa y calla. Â¡Cuanto darÃ­a por extraviar este diario polvoriento! Pero, Â¿para quÃ© si me lo sÃ© de memoria, y cada vez que toso se me revuelven las pÃ¡ginas?</p>
<p>Ya me imagino a los sabios gritando y las momias murmurando. Cuando se habla de la verdad personal atribuirse la razÃ³n es una consecuencia inevitable. De todas formas mis conclusiones no son absolutas, como dije, soy consecuencia de un experimento, lleno de errores repetibles por cualquiera, pero irreproducibles en el mismo orden.</p>
<p>â€œActos definitivos, fortuitos e irreproducibles en el orden exactoâ€. Â¿De quÃ© estarÃ© hablando, de mi vida o la de cualquiera?</p>
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		<title>Insomnio</title>
		<link>http://www.gubatron.com/blog/2004/11/01/insomnio/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2004 09:33:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>gubatron</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los Detalles]]></category>
		<category><![CDATA[Mel]]></category>

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		<description><![CDATA[Esto no es una historia, ni un cuento, ni un mito. Es un gran paso, porque pase lo que pase, habrÃ¡ sido un gran paso en la vida de cualquier persona que lo haya vivido.
LÃ³gicamente como toda pesadilla, comienza una noche. Una cÃ©lebre noche en que digamos, como es comÃºn, las ansias me hicieron sucumbir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esto no es una historia, ni un cuento, ni un mito. Es un gran paso, porque pase lo que pase, habrÃ¡ sido un gran paso en la vida de cualquier persona que lo haya vivido.</p>
<p>LÃ³gicamente como toda pesadilla, comienza una noche. Una cÃ©lebre noche en que digamos, como es comÃºn, las ansias me hicieron sucumbir ante el discado de un nÃºmero telefÃ³nico. Por supuesto, su nÃºmero telefÃ³nico.<br />
No faltaba mÃ¡s, para completar el panorama, que la ausencia de una atenciÃ³n.  El telÃ©fono discado nunca fue contestado.<br />
Ante tal dilema, mi mente no dejÃ³ de ordenarme insistir. A tal punto que mis dedos no me pertenecÃ­an. El TelÃ©fono repicaba y repicaba, pero su ausencia era eterna.<br />
AsÃ­ que como muchas otras veces, sucumbÃ­ nuevamente ante mis necios deseos de averiguar quÃ© pasaba.<br />
TomÃ© mis cigarros, junto con las llaves de mi vehÃ­culo.  Y me fui rumbo a mi destino, incierto, pero destino al fin.<br />
Llegando a su urbanizaciÃ³n como a eso de las 8:10pm no fue tarea fÃ¡cil conseguir un puesto. Aunque finalmente logrÃ© situarme en un punto casualmente lejano de su residencia, a unas cuadras no mÃ¡s.<br />
BajÃ¡ndome del vehÃ­culo lo primero que pude apreciar era la euforia contenida en la gente que me rodeaba. Gente celebrando, gente ebria, gente olvidadizaâ€¦ gente â€œfelizâ€. Gente que camina, se sienta, toma, y va al baÃ±o. Definitivamente entre ellos no estaba yo, por lo menos en ese instante. Aunque envidioso de estarlo debido a mi denigrante situaciÃ³n.<br />
Sin hacer mayor esfuerzo en entender aquellos que ni siquiera se entienden a sÃ­ mismos, me fui rumbÃ³ al telÃ©fono pÃºblico. No cualquier telÃ©fono pÃºblico, vale la pena aclarar, sino el Ãºnico telÃ©fono en su cercanÃ­as que milagrosamente permite discar los nÃºmeros de llamada de servicio (0800â€¦). AsÃ­ que, haciendo uso de la clave libre habilitada por un gran amigo, pude discar nuevamente su telÃ©fonoâ€¦ una y otra vez, ya que como es de suponerse, la ausencia persistÃ­a.<br />
Caminar, para luego llamar al telÃ©fono, era la labor del dÃ­a. Dar vueltas a la manzana, mirar a la gente que no parece gente, discar un mismo nÃºmero una y otra vez, parecÃ­a en ese momento mi Ãºnica razÃ³n para existir.<br />
Pude cansarme de oÃ­r consignas polÃ­ticas de la gente que hacia manifestaciÃ³n en la plaza y de escuchar gritos y risas de los ebrios de los locales adyacentes. Tuve tiempo de cansarme de caminar, de mirar el cielo, de fumar y escapar a los sospechosos. Tuve tiempo suficiente para que ya mi conciencia estuviera completamente carcomida por mis malos presentimientos y pensamientos.<br />
Yo sabÃ­a que estaba pasando. No se trataba de cualquier dÃ­a en que no escuchaba su telÃ©fono celular. Era el dÃ­a en que realmente mis sospechas comenzaban a hacerse realidad. Justamente se trataba del dÃ­a que pensÃ© que nunca llegarÃ­a. Y lo estaba viviendo a cÃ¡mara lenta. Sin perderme el mÃ¡s mÃ­sero detalle.<br />
DesesperaciÃ³n y desesperanza eran las palabras claves que se leÃ­an en mi rostro. Celos y tristeza eran las joyas que sostenÃ­a entre mis manos. No era nadie, mÃ¡s que un vagabundo pensando en su amorâ€¦ sintiÃ©ndose morir.<br />
Ni siquiera las lÃ¡grimas saltaban a mi rostro.  Todas llovÃ­an por dentro, ahogando mi corazÃ³n desenfrenado.<br />
Exactamente no recuerdo cuando tirÃ© la toalla. Cuando fue que decidÃ­ irme de aquel sitio, no lo sÃ©. SÃ³lo tengo un aproximado de 2 horas que parecieron eternas. Puede que para ese entonces ya fueran pasadas las 10:30pm.<br />
Fue entonces cuando, completamente hecho ruinas me juguÃ© mi Ãºltima caminata. AsÃ­ que di la vuelta a la manzana. Pasando por la calle de los hoteles, donde las prostitutas se supone que deberÃ­an estar. Siguiendo por la plaza, donde las consignas no significaban nada para mÃ­. Rozando a la gente que se aglomeraba saliendo de uno que otro restaurante.<br />
A escasos 20 metros de su residencia fue que pude verla.  Y no estaba sola.<br />
Era yo una gigantesca y orgullosa embarcaciÃ³n, que habÃ­a apenas visto el gran tÃ©mpano de hielo que le retaba. Era una embarcaciÃ³n cargada de pasajeros alucinantes, bellos recuerdos y detalles en primera clase, y fuertes convicciones y sentimientos en la clase obrera. La embarcaciÃ³n perfecta, rumbo al paraÃ­so.<br />
De esa manera pude entender porque los desastres se repiten cuando las cosas son magnificentes.<br />
No podÃ­a tomar otro camino. No podÃ­a esquivar ese tÃ©mpano de hielo. Ese tÃ©mpano era la prueba fehaciente de que mi barca no era tan magnifica. Era la prueba de mi orgullo. Era la frÃ­a muerte de mi amor, esperÃ¡ndome a 20 metros en frente de su casa.<br />
Con un gran nudo en la garganta me fui acercando. A medida que me acercaba fui detallado el paisaje. Ella estaba al lado derecho de un tipo que hablaba recostado de un carro que yacÃ­a estacionado en la acera. Efectivamente habÃ­a tambiÃ©n una persona dentro de aquel vehÃ­culo quien le dirigÃ­a la palabra con atenciÃ³n a aquel tipejo.<br />
Me repetÃ­ muchas veces antes de llegar a tocar su hombro â€“ â€œRealmente quieres vivir este momentoâ€¦ tu sabes que no lo vas a olvidarâ€¦ tu sabes de lo que estas hechoâ€ â€“<br />
Pero definitivamente creo que tengo muy en claro de lo que estoy hecho. Y si me preguntaran ahora mismo Â¿de quÃ©?, tendrÃ­a que decirles simplemente: â€œDetallesâ€. Estoy hecho de innumerables detalles que se anidan unos con otros, que tienen una relaciÃ³n en mi mente y que a veces me cuesta distinguir cual puede ser mÃ¡s real o verosÃ­mil de ellas, aunque para mis adentros son lo suficientemente reales como para destruirme o recrearme.<br />
ToquÃ© su hombro. Dije â€“ â€œHolaâ€¦ te he estado llamando toda la tarde.â€. Ella con cara de quien ha sido tomado por sorpresa me devolviÃ³ el saludo, y me beso rÃ¡pidamente en la boca, como para que nadie se diera cuenta y pensaran que se trataba de un beso en la mejilla. Pero su plan no pareciÃ³ funcionar, ya que el individuo que estaba dentro del vehÃ­culo dijo a un tono bastante alto, dirigiÃ©ndose a mi â€“ â€œÂ¿Se puede saber que haces tÃº dÃ¡ndole un beso a mi novia?â€ â€“<br />
MirÃ¡ndolo a los ojos lo Ãºnico que pude sentir fue como hervÃ­a mi sangre. No podÃ­a creer que estaba escuchando esoâ€¦ no despuÃ©s de haber pasado 4 aÃ±os con ella. Era casi imposible escuchar salir ese comentario de una boca ajena. Pero en cuestiÃ³n de segundos y antes de poder reaccionar de alguna manera mÃ¡s que con mi cara de susto, la mirÃ©, y ella sonriÃ³, eso me extraÃ±o mÃ¡s todavÃ­a, asÃ­ que lo mirÃ© a Ã©l nuevamente y Ã©ste comenzÃ³ a reÃ­rse. Entonces comprendÃ­ que se trataba de un chiste, de un mal chiste, en un pÃ©simo momento.<br />
Ã‰ste individuo del humor pÃ©simo se bajo del vehÃ­culo mientras seguÃ­a intercambiando palabras con el tipejo que estaba a mi lado izquierdo. El mal comediante acomodaba su chaqueta mientras hacia comentarios insulsos acerca del vestuario que tuvo que ponerse ese dÃ­a y que los pantalones que tenÃ­a se los habÃ­a buscado en un sitio Xâ€¦. blah blah blah.<br />
Fue en ese momento en que pude reconocer al gran payaso sin gloria. Se trataba de uno de los concursantes del peor real show que ha tenido la televisiÃ³n venezolana (protagonistas de novela). Se llamaba Angel.<br />
IrÃ³nicamente mi mente atÃ³ los detalles de ese encuentro. Era como si el destino me jugara una mala broma, como si yo formara parte de un mal chiste contado por un humorista de segunda.<br />
RecordÃ© como hace, quizÃ¡s ya, casi un aÃ±o nos habÃ­amos topado con ese individuo en una discoteca llamada â€œGoalâ€. Yo estaba en compaÃ±Ã­a de mi novia (como la solÃ­a llamar en ese entonces) y de una de sus â€œmejores amigasâ€, Laura. A diferencia del dÃ­a de hoy ese habÃ­a sido un momento de gracia y alegrÃ­a. Laura se sentÃ­a atraÃ­a por ese payaso, e inocentemente yo decidÃ­ llamarlo y presentÃ¡rselo para darle un toque pintoresco a nuestra estadÃ­a en el local. Angel muy cariÃ±osamente se presento de una manera caballerosa mientras soltaba uno que otro comentario halagador. Luego se marchÃ³. Y nosotros 3 reÃ­mos y bromeamos acerca de aquel momento que ingenuamente recordamos con cierta alegrÃ­a pasajera.<br />
Ese payaso actuÃ³ en mi reino cuando todavÃ­a tenÃ­a reina, y ahora se burlaba de mÃ­, cuando yo yacÃ­a en escombros. Inocentemente me mostrÃ³ la ironÃ­a del destino, y no fue mÃ¡s que la introducciÃ³n a lo que estaba por venir.<br />
Para ese momento ya yo me habÃ­a apartado de aquellos dos personajes. AlejÃ¡ndome para poder hablarle a ella. Entonces le dije â€“ â€œÂ¿De que se trata esto, por quÃ© no me atendÃ­as las llamadas?â€ â€“ LÃ³gicamente no podÃ­a entenderlo, ya que supuestamente nos encontrÃ¡bamos en un perÃ­odo de prueba, al cual miserablemente llamamos â€œOportunidadâ€. Por supuesto la oportunidad era para mÃ­. La oportunidad de recuperar su amor. La falsa oportunidad que ella me prometiÃ³ en un momento por la cruel razÃ³n de no seguirme escuchando.<br />
Y ella respondiÃ³ â€“ â€œNo querÃ­a atenderteâ€¦â€. â€“<br />
Sus palabras se enterraron en mi corazÃ³n, y apretaron aun mÃ¡s el nudo en mi garganta. Yo podÃ­a oler su sentimiento de culpa y su vergÃ¼enza. VergÃ¼enza de mÃ­, y conmigo. VergÃ¼enza ante el tipo que yo desconocÃ­a.<br />
â€“ â€œDebo suponer que estas saliendo con este carajo, Â¿acaso te gusta?â€ â€“ Dije. CÃ³modamente ella asintiÃ³ â€“ â€œSi, hoy me llamÃ³ y salÃ­ con el. Ã‰l me atrae, me llama la atenciÃ³n, asÃ­ que decidÃ­ salir con Ã©l, aunque es primera vez que lo hago.â€ â€“<br />
La crudeza de sus palabras era tal que me hacÃ­an dudar acerca del amor que debÃ­a profesarle. Su aliento estaba baÃ±ado de alcohol y de rabia. Rabia de verme allÃ­ y haberla descubierto.<br />
Â¿Primera vez?&#8230; cÃ³mo creer en eso, si supuestamente me habÃ­a dado una oportunidad. CÃ³mo creerle si ella me habÃ­a prometido expresamente confesarme si en algÃºn momento decidÃ­a salir con alguien o si se sentÃ­a atraÃ­da por otra persona.<br />
Me sentÃ­ engaÃ±ado.  Traicionado.<br />
Entonces se acercÃ³ el tipejo. Una persona delgada (muy adecuada a sus gustos), de ojos claros y cabello castaÃ±o claro semi largo. Con ojos vidriosos por el alcohol el muy descarado se dirigiÃ³ a ella diciendo â€“ â€œVoy a estar en frente tomÃ¡ndome un whiskey.â€ â€“ Ella asintiÃ³ con su cabeza, casi como pidiÃ©ndole disculpas y llena de vergÃ¼enza. Luego Ã©l cruzÃ³ la calle y se fue al restaurante Fridays.<br />
Pude darme cuenta que no solamente el tipejo tenÃ­a la pinta que a ella le gusta. Sino tambiÃ©n era un ser disimuladamente sociable que le gusta conocer gente del ambiente para resaltar, y por su puesto, por su Ãºltimo comentario, disponÃ­a de dinero. Pudo muy cÃ³modamente decir â€œVoy a tomarme algoâ€ o quizÃ¡s â€œVoy a tomarme una cervezaâ€, pero sus intenciones eran mÃ¡s que el simple hecho de transmitir la informaciÃ³n de su localizaciÃ³n.<br />
El mensaje oculto para mÃ­ era, â€œTengo dineroâ€. Claramente ese mensaje no era el mismo para ella. El mensaje para ella era, â€œQuiero pasar este mal rato con una bebida fuerteâ€. De esa manera, muy inteligentemente, aunque particularmente pienso que muy ingenuamente, el logrÃ³ su cometido. Cada quien atrapÃ³ el mensaje correspondiente, a pesar de que pude interceptar ambos.<br />
Ya destrozado, fui camino a la entrada del estacionamiento de su residencia. Para no caerme, porque mis piernas temblaban como si sostuvieran toneladas sobre si mismas. Me sentÃ© en un pequeÃ±o muro.<br />
Ella me acompaÃ±Ã³, e intercambiamos palabras.<br />
La conversaciÃ³n resultÃ³ lo suficientemente hiriente como para nunca olvidarla. Ese fue su Ãºltimo gran regalo. InsinuÃ¡ndome que era su tormento, que la acosaba. PidiÃ©ndole disculpas por perder la calma. LamentÃ¡ndose por aun tener que verme prÃ³ximamente a causa de su computadora estropeada, aun en mi casa. RecordÃ¡ndome una y otra vez, de mil y un maneras que simplemente ya no me amaba. Y restregÃ¡ndome su descarada prisa por ir al encuentro del tipejo nuevo al local de en frente.<br />
No sÃ³lo con eso, y por haber indagado, me encarÃ³ con la triste realidad de su atracciÃ³n por el otro. ExplicÃ¡ndome la casi segura ocasiÃ³n de unos besos y caricias con esa maldita boca maltrecha.<br />
Ya sin aliento. Sin voz. Con un abismo en mi pecho y el tÃ­pico nudo en la garganta, mis lÃ¡grimas decidieron saltar a mi rostro como un vaso rebozÃ¡ndose de agua, y le dije â€“ â€œÂ¡Que ironÃ­a!, yo aquÃ­ destrozado de amor por tiâ€¦ y aquel tomÃ¡ndose un trago, y sin sentir por ti una cuarta parte de lo que siento, irÃ¡s a su encuentro.â€<br />
Pude ver en sus ojos lo absurdo de mi significado. Y su inerte prisa que solo pedÃ­a a gritos que me fuera. â€“ â€œÂ¿CÃ³mo tienes alma para hacer esto?â€, ReclamÃ© â€“ Me puse de pie y mientras me hacÃ­a a un costado exclamÃ© â€“ â€œÂ¡Bendita sea la inocencia de ese ser!â€¦ Â¡Tiene demasiada suerte!&#8230; CuÃ­date.â€ â€“ Y alejÃ¡ndome continuÃ© pensando en lo incompleta de mi frase, el vivo reflejo de cuando no se dice todo lo que se piensa para no herir â€“ â€œBendita sea la suerte de ese serâ€¦ Tiene demasiada suerte de no amarte. CuÃ­dateâ€¦ de tu necia voluntad por surgir de donde lo tienes todoâ€.<br />
AlejÃ¡ndomeâ€¦ la observÃ© una vez mÃ¡s. Cruzar la calle y patear mi dignidad. Rumbo al encuentro de otro. De una nueva sonrisa. Al encuentro de la incÃ³gnita de un pensamiento distinto. Otros labios, otra mirada, otro cuerpo. Otro que le ofrece lo que yo ya no puedo. La emociÃ³n de una primera vez.<br />
La sutileza de un primer encuentro derrumbÃ³ mi obra maestra. Mi mÃ¡s bella relaciÃ³n sucumbiÃ³ ante las necesidades mÃ¡s bÃ¡sicas de una mujer. Libertad mal interpretada. Decepciones sin Ã¡nimos de ser superadas.<br />
Bien es cierto que nada es eterno. Todo muere. Pero ese detalle no es excusa para no aceptar que existen ciertas cosas que pueden morir junto y con nosotros.<br />
AsÃ­ que me llevÃ© mi despreciado amor en un bolsillo.<br />
Mis sospechas, mi mÃ¡s profundo temor se habÃ­a materializado justo en frente de mis ojos.<br />
Mi magnificente embarcaciÃ³n habÃ­a naufragado. Se hundÃ­a hecha pedazos, con su capitÃ¡n a bordo y todos sus pasajeros aterrorizados.<br />
EntrÃ© por las puertas de mi propio infierno.  Y sin remedio alguno caminÃ© hasta mi vehÃ­culo.<br />
En medio de mi desafortunada experiencia me vi retratado en uno de los roles que nunca pensÃ© interpretar. Y asÃ­ mismo, en medio de cuestionamientos a Dios, en medio de lÃ¡grimas, arrepentimientos y muchos â€œÂ¿por quÃ©?â€, llegaba a la sabÃ­a conclusiÃ³n que no dependÃ­a de mÃ­ decidir cuales papeles interpretarÃ­a en mi vida. Ellos llegaran en su debido momento, sin importar cuan benditos o malditos puedan ser.<br />
Entonces lleguÃ© a pensar â€“ â€œLo vivirÃ¡s en carne propiaâ€ â€“<br />
Sumergido en el despecho, me dirigÃ­ al primer cajero automÃ¡tico de la zona. RetirÃ© algo de dinero y emprendÃ­ mi propia marcha en busca de un objetivo necesario para la circunstanciaâ€¦ alcohol.<br />
Fui comprando cervezas en el camino. Por donde pasara y se me acabara la bebida hacia una corta parada en busca de mÃ¡s. Fumaba y tomaba, como quien usa un bÃ¡lsamo para aliviar el dolor. Pero lo Ãºnico que lograba era incrementar el grado de mi pensamiento obsesivo. HundiÃ©ndome cada vez mÃ¡s, continuÃ© sin darle mayor importancia a lo que serÃ­a de mÃ­.<br />
Entonces, con mi errante conducir, pasaba justo por la avenida principal de Las Mercedes cuando el trÃ¡fico se detuvo sorpresivamente. Aparentemente sin motivo alguno. EncendÃ­ un cigarro mÃ¡s con el rostro baÃ±ado en lÃ¡grimas tratando de calmar mi crisis. El trÃ¡fico avanzaba muy lentamente.<br />
BajÃ© el volumen de la radio cuando pude observar que a escasos metros del semÃ¡foro habÃ­a un choque. Eso era el motivo del trÃ¡fico repentino. Un choque que al parecer habÃ­a ocurrido hace algunos minutos. A mi lado izquierdo pasÃ³ muy rÃ¡pidamente una moto deportiva con una bella chica de parrillera que llevaba un pequeÃ±o bolso blanco colgando de su espalda.<br />
Detallesâ€¦ mÃ¡s detalles tocaban a mi puerta. Para mi sorpresa uno de los vehÃ­culos protagonista del choque era un Corsa blanco, que yacÃ­a completamente sobre la acera de la esquina izquierda impactado contra el muro de un edificio. IrÃ³nicamente recordÃ© como mi antiguo vehÃ­culo, un Corsa gris, habÃ­a quedado de la misma forma en una esquina de Plaza Venezuela cuando fui impactado por un Malibu. Milagrosamente salÃ­ ileso de aquel viejo siniestro, yo y mis acompaÃ±antes de aquel dÃ­a.<br />
El segundo personaje del choque era un rÃºstico cuatro puertas, cuya marca no puedo recordar, posiblemente una Cherokee o una Toyota. Esta Camioneta estaba mucho menos golpeada, apenas se podÃ­an apreciar unos daÃ±os en su parte frontal.<br />
Por desgracia el conductor del Corsa no parecÃ­a haber tenido tanta suerte. QuedÃ© completamente paralizado cuando vi el bolso blanco a las espaldas de la muchacha de la moto. Ella estaba arrodillada sobre el pobre infortunado conductor del Corsa, un muchacho joven vestido de jean y franela Adidas. ClavÃ© mi mirada fijamente en esa fotografÃ­a, seguidamente el conductor de la moto sostenÃ­a la cabeza del muchacho, y ambos, la chica sosteniendo su mano y el otro sosteniendo su cabeza exclamaban desesperados pero con mucha esperanza â€“ â€œÂ¡TÃº puedes con esto!&#8230; Â¡Vamos, todo va a salir bien!&#8230; Â¡Resiste por favor, yo sÃ© que tu puedes!â€.<br />
AÃºn conmocionado seguÃ­ de largo. PisÃ© el acelerador a fondo. Y me preguntÃ© â€“ â€œÂ¿AsÃ­ llegarÃ¡n los mensajes de Dios a nuestras vidas?â€ â€“<br />
No sÃ³lo era irÃ³nico el mismo hecho que fuera una reproducciÃ³n en otra localizaciÃ³n de un choque en el que yo habÃ­a estado, y que gracias a Dios habÃ­a salido ileso. Eso era la parte mÃ¡s bÃ¡sica del mensaje, donde se me decÃ­a â€œTodo pudo ser peorâ€¦ Todo puede ser peorâ€.<br />
TambiÃ©n me perturbaba lo paradÃ³jico de las palabras dirigidas de parte de los motorizados hacia el pobre muchacho. Era como si justamente tenÃ­a que escucharlos en ese momento en que mi soledad no me permitÃ­a escucharme decir esas palabras de consuelo. Era como si el universo estuviera de alguna extraÃ±a forma dando a cada uno de nosotros lo que realmente necesitaba ver, escuchar o experimentar.<br />
Aquellas palabras me acompaÃ±aron por el resto de la nocheâ€¦ â€œÂ¡TÃº puedes con esto!&#8230; Â¡Vamos, todo va a salir bien!&#8230; Â¡Resiste por favor, yo sÃ© que tu puedes!â€ y con todo el respeto me las tomÃ© personalmente, a pesar que no eran para mÃ­, extraÃ±amente les habÃ­a prestado atenciÃ³n. Necesitaba escucharlas, necesitaba sentirlas en aquel momento donde quizÃ¡s el alcohol y mi crisis me hubieran llevado a un lugar menos apropiado.<br />
Un poco mÃ¡s tranquilo, con un leve sollozar en mi mente continuÃ© mi camino. ComprÃ© una cerveza mÃ¡s. Y me fui de nuevo al lugar de los primeros acontecimientos de la noche.<br />
EstacionÃ© el vehÃ­culo en una farmacia de la misma cuadra. Me bajÃ© y caminÃ© hacia el edificio nuevamente. PasÃ© por el lugar donde justamente ella estaba hablando con Angel y el tipejo. PasÃ© luego el pequeÃ±o muro donde descansÃ© mis piernas y hablÃ© con ella. Y seguÃ­ directo a las puertas de su edificio. Me detuve justo en frente del intercomunicador y soÃ±Ã© despierto lo que muchas veces habÃ­a sido una trivialidad molesta para mÃ­â€¦ marcar su nÃºmero de apartamento, avisarle que estaba abajo, y esperar a que finalmente bajara. PodÃ­a verla bajar las escaleras del fondo del pasillo. PodÃ­a verla tocar el interruptor que abre la puerta y luego acomodarse ligeramente el cabello en el espejo a su izquierdaâ€¦ Finalmente llegÃ³ a la puerta y me sonriÃ³, como siempre suele sonreÃ­r. AbriÃ³ y me saludÃ³ con un tierno beso en la bocaâ€¦<br />
Ya ese momento no se repetirÃ¡ jamÃ¡s. Ahora ese momento tiene una importancia invaluable en mi vida. Y una importancia miserable en la de ella.<br />
DejÃ© de soÃ±ar y caminÃ© hacia un costado, donde estaba la tienda de sastrerÃ­a con la santa marÃ­a abajo. MirÃ© al piso al lado derecho de la santa marÃ­a y observÃ© un solitario vagabundo arropado de los pies a la cabeza. Me hice mÃ¡s al lado izquierdo, lleguÃ© al otro extremo de la santa marÃ­a y allÃ­ me sentÃ©. Empinando mi cerveza despuÃ©s de cada aspirar del cigarro y viendo el friolento temblar del mendigo arropado, que lentamente me fue contagiando. Primero su frÃ­o, mÃ¡s tarde su absoluta sensaciÃ³n de abandono.<br />
Aquel hombre friolento destapÃ³ su cabeza al sentir mi presencia. Me mirÃ³ a los ojos, y sin pedir explicaciÃ³n alguna ni hacer mayor hincapiÃ© en nada, dijo â€“ â€œHola primoâ€ â€“ IncorporÃ¡ndose nuevamente a su posiciÃ³n de capullo.<br />
Le devolvÃ­ aquel corto saludo igualmente sin importar que hubiera pensado aquel hombre de mÃ­ y continuÃ© con mi cerveza.<br />
RecordÃ©. QuizÃ¡s demÃ¡s, en aquel lugar. Hice innumerables oraciones y pedÃ­ gran cantidad de deseos. AllÃ­ agotÃ© hasta la Ãºltima gota de mi esperanzaâ€¦ y de mi Ãºltima cerveza.<br />
Por fin, me incorporÃ© y me dirigÃ­ al vehÃ­culo. No sin antes voltear y verla una vez mÃ¡s cruzar la calle, sin mirarme, dÃ¡ndome su espalda.<br />
EncendÃ­ el vehÃ­culo y rodÃ© directamente a la cuadra donde estaba el telÃ©fono mÃ¡gico, entonces, llamÃ© al amigo que me habÃ­a dado el truco. Para colmo, me atendiÃ³ la contestadora, asÃ­ que le dejÃ© un breve resumen de menos de un minuto de todo lo que habÃ­a pasado esa noche.<br />
Finalmente me fui a casa ese dÃ­a, como a eso de las 5:30am.</p>
<p>LÃ³gicamente, a los dÃ­as pude enterarme que las cosas habÃ­an sido un tanto diferentes, como siempre lo son. Ella confesÃ³ en una llamada telefÃ³nica que se habÃ­a besado con el tipejo incluso antes de llegar a encontrarme esa nocheâ€¦<br />
FaltÃ³ su palabra de supuesta oportunidad que me brindaba, de la manera mÃ¡s bÃ¡sica que comÃºnmente se le puede llamar infidelidad. Â¿SerÃ¡ infidelidad si ya no me amaba?. Para ella no lo es asÃ­. Para ella, simplemente no dijo la verdad del todo. Para ella solamente estaba jugando a ser misericordiosa con un ser que aun la amaba con toda el alma. Pero para mÃ­, tristemente, sigue siendo una infidelidad. Una traiciÃ³n demasiado pronta e imborrable en mi conciencia. Para mÃ­ es una pesadilla que se ha hecho dueÃ±a de mis noches. Para mÃ­ es un pensamiento obsesivo que se ha hecho dueÃ±o de mis dÃ­as. Es un estado permanente de semi conciencia entre dormido y despierto. Un letal insomnio en la absoluta pureza de su significado.</p>
<p>Esto no es una historia, ni un cuento, ni un mito. Es un gran pasoâ€¦ un gran paso para los que aun no han concebido la infinidad de la estupidez humana.<br />
Lo tuve todo y lo perdÃ­.  Ella lo tiene todo aÃºn, pero ya no lo ve asÃ­.<br />
Ambos buscamos una soluciÃ³n lejos de nosotros. Una persona mejor que nunca llegarÃ¡. Porque no existen mejores ni peores. Solo existe el amor y la fÃ© en cada una de sus diferentes facetasâ€¦</p>
<p>y DETALLES.</p>
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