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Archive for the 'Mel' Category

El debate predilecto

Sunday, November 28th, 2004

Creo que el tema del amor es uno de los preferidos para la mayoría de las personas. Todos nos hemos preguntado en algún momento si hemos llegado a amar, si nos han amado, si volveremos o nos volverán a amar algún día.

Ese primer lugar se debate duramente con la temática del sexo. Somos unas criaturas llenas de lujuría, que algunos drenan gota a gota y otros deján escapar a chorros.

A fin de cuentas siempre debatimos entre ambos tratando de lograr un equilibrio en nuestras vidas. Pero nada es perfecto…

Por ello, hace un tiempo escribí un corto ensayo acerca de esto: SexiAmor. Y a partir de hoy he decidido compartirlo con todos Uds.

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SexyAmor

Sunday, November 28th, 2004

El sexo y el amor, eternos amigos, amantes y contrincantes. Nuestro mundo gira entorno a uno de ellos, mientras huye como loco del otro. Uno es peligroso; el otro es mortífero.

Sexo sin amor; ¿has jugado la ruleta rusa?
Lo hacemos a diario, desatamos la violencia en las camas ajenas; en los baños, ascensores, salas…
El sexo nos recuerda lo intenso que significa estar vivo; pasa por juego, sigue con lucha y termina… con un delicioso orgasmo. ¿Qué mejor sentido puede tener la vida? Tener todos tus sentidos afinados, a sentir y a explotar. ¿Quién recuerda las deudas mientras comienza y finaliza un orgasmo?, ¿a sus fallecidos familiares o la miseria de su trabajo?
Intensidad es lo que buscamos cuando estamos desnudos frente a frente sin amarnos. Es sexo… peligroso y versátil, absurdo y volátil… sexo.

Amor; ¿tomar somníferos, una pastilla cada minuto… sería una forma agradable de morir, sin arrepentirse a medio camino?
El amor es el miedo más grande que enfrentamos. Si le abres la puerta a un ser amado, dormirá en tu cuarto y desayunará en tu comedor. Usará tu baño y se secará con tus toallas. Verá tu televisión y escogerá los canales.
Amar te hace esclavo… ¿por qué?
Porque te hace vulnerable… ¿por qué?
Porque duerme tus sentidos.

El amor distorsiona la realidad, haciéndola más bella, tornándola menos aterradora.
Te hace daño correr sobre espinas; aún cuando no las sientas tus pies estarán sangrando. Solo estas adormecido, pero cuando despiertes las llagas comenzaran a arder; y a doler profundamente.
Amar nos recuerda que estamos vivos (la conciencia de la vida mas no la intensidad), que somos vulnerables; pasa por juego, sigue con lucha y termina… con un amargo despecho
¿Qué miedo más puro podemos sentir que el perdernos a nosotros mismos?

A fin de cuentas de eso se trata todo, ¿no?
De perdernos y encontrarnos; solo que nunca lo hacemos bien y siempre encontramos perdernos varias veces seguidas. Pérdidas acumuladas, como en una fosa común.

Sexo con amor… ¿se han preguntado que sería el amor con sexo?

El sexo con amor descubre la pasión; o las pasiones debería decir. Aquí es donde el peligro y lo letal estrechan manos. Porque las pasiones mueren y con ellas uno de ambos contrincantes, amantes y eternos amigos.
Así el dilema comienza. Sentirse vivo no es lo mismo que recordarlo o concientizarlo.
¿Cuál escoges?, ¿O ya lo hiciste?
Cada camino te lleva a un lugar distinto, pero ambos pareciesen llevarte a ninguna parte.
Un lugar donde no puedes reconocerte es un sitio donde no deseas estar.
Un sitio donde no conoces a nadie es un lugar donde ninguno te extraña,
¿Y en donde te encuentras ahora?, ¿o a donde quieres estar?
¿Del lado izquierdo de la cama, al lado derecho de la bañera, sentado a la punta de la mesa, haciendo el amor arriba o abajo, o, abajo y arriba… tal vez en el medio?

Lo fácil es lo mejor, sin tantas elecciones, sin tantas restricciones.
Por eso huimos como locos y giramos entorno a ello.

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Experimentado

Thursday, November 25th, 2004

Un experimento. Eso es mi vida, un largo y curioso cúmulo de pruebas, de acciones y reacciones vistas desde un microscopio y otras veces vistas con un solo ojo, a la distancia y durante una noche sin luna.

No siempre fue así. En un principio todo parecía ir y venir a un ritmo casi impredecible, como las olas del mar. Pero al poco tiempo ya sentía el tiempo de las olas, como se cuentan en una canción.

En eso me he convertido. En un método, práctico y útil. Eficiente para aquello que me es completamente indiferente.

Cuanta lógica hace falta para darse cuenta que calcular cada movimiento no hace más que estropearte el paso. ¡Es como bailar mirándose los pies!
¡Al diablo mi torpe baile de recién graduado!

En mi diario hay muchas formulas para hacer explotar la mente, la boca, el corazón o las entrañas. Nadie las ha dictado para mi. Yo sólo he sido el gran tonto que usa el método científico, quien observa y calla. ¡Cuanto daría por extraviar este diario polvoriento! Pero, ¿para qué si me lo sé de memoria, y cada vez que toso se me revuelven las páginas?

Ya me imagino a los sabios gritando y las momias murmurando. Cuando se habla de la verdad personal atribuirse la razón es una consecuencia inevitable. De todas formas mis conclusiones no son absolutas, como dije, soy consecuencia de un experimento, lleno de errores repetibles por cualquiera, pero irreproducibles en el mismo orden.

“Actos definitivos, fortuitos e irreproducibles en el orden exacto”. ¿De qué estaré hablando, de mi vida o la de cualquiera?

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El Timón Azul

Tuesday, November 16th, 2004

En el mar de la incertidumbre no se viaja solo
Barcas se cruzan,
Barcas se estrellan,
en la eterna noche sin estrellas del mar de la irresolución

Sus aguas son frías
y sus peces vacilan
Entre nadar y morir
Entre vivir y soñar

No cualquier barca puede atravesar
El mar que tanto miedo infunde a los hombres

Del mar hambriento
sólo se obtiene insuficiencia
De la razón del hombre
sólo concreta la conciencia

¡Y aún así no tengo el miedo suficiente!

La vela de fe que izo después de cada tormenta
la red de conocimiento con la que pesco mis dudas
la brújula de amor que siempre pierde el norte
y el timón de la esperanza que guía mi albedrío
harán que mi barca surque las aguas más temibles de este mundo

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La mente del fiel

Monday, November 8th, 2004

La mente del fiel se plantea un hermoso reto
Se pasea entre las fobias de la traición
Estrangula la mínima expresión de egocentrismo
Nace, vive y muere en el otro, el semejante

Lo que hace al otro semejante es lo mismo que nos hace únicos
Nuestras similitudes son las mismas que nos diferencian
Y forjan caballeros y visten damas

La mente del fiel no cree en la irracionalidad del amor
ni en la efímera llama de la pasión
Esa mente retorcida refuerza su posición con moral y ética
hunde sus pies en el fango sin salpicar ni mancharse

La mente del fiel florece cada cierto tiempo en nuestro jardín
Cuando temblamos de miedo ante el castigo del semejante

La mente del semejante es una réplica mejorada del yo
Un paraíso en medio del desierto de la soledad
donde el agua no enferma y los animales no mueren
¡Un paraíso sin deliciosas manzanas!

¡Serpientes eternas del paraíso pueden morderme,
pueden abrazarme y quebrantar mis huesos,
pero no podrán soportar en su garganta las espinas de las flores que cultivo!

Convivimos y nos tememos mutuamente…

El equilibrio es magnífico en cualquier mente
Mucha agua apaga el fuego y muy poca lo aviva
Agua y Fuego, letales el uno para el otro

Y entonces…
¿no es la mente del fiel semejante a la infiel?

Autentico es el miedo que trasforma las mentes,
Las fobias hacia uno nos terminan convirtiendo en el otro.

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Las heridas nos recuerdan de lo que estamos hechos…

Tuesday, November 2nd, 2004

Hace un buen tiempo sufrí una severa depresión de la que afortunadamente logré salir, aunque no puedo decir ileso…

De aquella época gris de mi vida surgieron pensamientos obsesivos. Me enamoré de la muerte y la desdicha. Sucumbía ante la traición. Y por si fuera poco, dudé por completo de mi fe.

Fueron muchas las causas que en aquel entonces me llevaron por ese camino, pero me agrada pensar que muchas más fueron las consecuencias positivas que pude sacar de ello.

Sin embargo, les reitero, no salí ileso. Tengo una herida que cada noche trató de ignorar a toda costa, pero que con un mal movimiento me recuerda que está allí, todavía dolorosa y sangrante.

Por eso he decidido publicar “Navegante del camino”, para compartir con Uds. un pequeño milímetro de mi infierno interior.

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Navegante del camino

Tuesday, November 2nd, 2004

Caminando se da comienzo, al caminante, a la pisada. Al tropiezo y al camino. Al comienzo sin final.

Este trayecto ha sido escabroso, a pesar que mi huella sigue marcada en el fango. A pesar que mi perfume ha enamorado a los árboles, formando una delgada capa en la atmósfera. La capa donde vivo. Donde soy. Lugar en que ocurre la implosión de mis pensamientos más aberrados.

He allí mi caminar, con pausas, pero apresurado.

Quién sabe que cosas he visto, que ni siquiera recuerde. Cuántos fantasmas me han abrazado, fuertemente, sin sostener nada más que sus deseos. Quién sabe lo que sé, que me hace seguir caminando.

Sigo siendo el mismo, sin saber el rumbo exacto de mi fe y mi morada. Navegante del camino Navegante sin barca, sin brújula y sin estrellas. Rumbo al nunca jamás, del que tanto hablan, y hablan, sin que me quite el sueño de estrellarme y hallar las verdaderas estrellas, rompiéndome en pedazos para ser el guía de los que llegan y se van. Navegantes navegados, perdidos en su destino. Sin rumbo y sin final.

Ciego de un ojo continuo, sin querer pensar.

Prefiero andar de espaldas, para apreciar aquello que dejo a mi paso. Aquello y aquellos. Lo que amo, lo que odio. A mí y a mi mismo. A Los milagros de la vida. A la jauría de demonios de los que he salvado el alma.

Los veo a todos. Huyendo, ocultándose. Despidiéndose, o en algunos casos, persiguiéndome sigilosamente.

Me hablo caminando, para sentir compañía. Pero mis oídos están tapados. Quizá se han cansado de escuchar mis disimulados gritos. Mi atorrante voz de niña malcriada. Oídos sin manos para golpearme, los entiendo. No solo a ellos, que forman parte de mí, también a los oídos ajenos, que me deben menos atención.

¿Estas allí, esperándome?. Porque yo estoy empezando a cansarme de esperar encontrarte. De caminar ansioso a que devores las piernas de éste inútil cuerpo. Débil materia que se corrompe.

Quiero volar fuera de esta asfixiante atmósfera. Añoro el comienzo, anhelo el final. Exhausto, ruego por el milagro de descubrir esas huellas que no son las mías.

Extraño la sabiduría del genio quien calzó mis primeros zapatos. Genio que yace ahogado en la botella del olvido. Aun siento su enmudecida voz pidiendo auxilio dentro de mí.

Levanto mi pie lleno de cadáveres.
Y continúo con mi quebrantado andar.

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Insomnio

Monday, November 1st, 2004

Esto no es una historia, ni un cuento, ni un mito. Es un gran paso, porque pase lo que pase, habrá sido un gran paso en la vida de cualquier persona que lo haya vivido.

Lógicamente como toda pesadilla, comienza una noche. Una célebre noche en que digamos, como es común, las ansias me hicieron sucumbir ante el discado de un número telefónico. Por supuesto, su número telefónico.
No faltaba más, para completar el panorama, que la ausencia de una atención. El teléfono discado nunca fue contestado.
Ante tal dilema, mi mente no dejó de ordenarme insistir. A tal punto que mis dedos no me pertenecían. El Teléfono repicaba y repicaba, pero su ausencia era eterna.
Así que como muchas otras veces, sucumbí nuevamente ante mis necios deseos de averiguar qué pasaba.
Tomé mis cigarros, junto con las llaves de mi vehículo. Y me fui rumbo a mi destino, incierto, pero destino al fin.
Llegando a su urbanización como a eso de las 8:10pm no fue tarea fácil conseguir un puesto. Aunque finalmente logré situarme en un punto casualmente lejano de su residencia, a unas cuadras no más.
Bajándome del vehículo lo primero que pude apreciar era la euforia contenida en la gente que me rodeaba. Gente celebrando, gente ebria, gente olvidadiza… gente “feliz”. Gente que camina, se sienta, toma, y va al baño. Definitivamente entre ellos no estaba yo, por lo menos en ese instante. Aunque envidioso de estarlo debido a mi denigrante situación.
Sin hacer mayor esfuerzo en entender aquellos que ni siquiera se entienden a sí mismos, me fui rumbó al teléfono público. No cualquier teléfono público, vale la pena aclarar, sino el único teléfono en su cercanías que milagrosamente permite discar los números de llamada de servicio (0800…). Así que, haciendo uso de la clave libre habilitada por un gran amigo, pude discar nuevamente su teléfono… una y otra vez, ya que como es de suponerse, la ausencia persistía.
Caminar, para luego llamar al teléfono, era la labor del día. Dar vueltas a la manzana, mirar a la gente que no parece gente, discar un mismo número una y otra vez, parecía en ese momento mi única razón para existir.
Pude cansarme de oír consignas políticas de la gente que hacia manifestación en la plaza y de escuchar gritos y risas de los ebrios de los locales adyacentes. Tuve tiempo de cansarme de caminar, de mirar el cielo, de fumar y escapar a los sospechosos. Tuve tiempo suficiente para que ya mi conciencia estuviera completamente carcomida por mis malos presentimientos y pensamientos.
Yo sabía que estaba pasando. No se trataba de cualquier día en que no escuchaba su teléfono celular. Era el día en que realmente mis sospechas comenzaban a hacerse realidad. Justamente se trataba del día que pensé que nunca llegaría. Y lo estaba viviendo a cámara lenta. Sin perderme el más mísero detalle.
Desesperación y desesperanza eran las palabras claves que se leían en mi rostro. Celos y tristeza eran las joyas que sostenía entre mis manos. No era nadie, más que un vagabundo pensando en su amor… sintiéndose morir.
Ni siquiera las lágrimas saltaban a mi rostro. Todas llovían por dentro, ahogando mi corazón desenfrenado.
Exactamente no recuerdo cuando tiré la toalla. Cuando fue que decidí irme de aquel sitio, no lo sé. Sólo tengo un aproximado de 2 horas que parecieron eternas. Puede que para ese entonces ya fueran pasadas las 10:30pm.
Fue entonces cuando, completamente hecho ruinas me jugué mi última caminata. Así que di la vuelta a la manzana. Pasando por la calle de los hoteles, donde las prostitutas se supone que deberían estar. Siguiendo por la plaza, donde las consignas no significaban nada para mí. Rozando a la gente que se aglomeraba saliendo de uno que otro restaurante.
A escasos 20 metros de su residencia fue que pude verla. Y no estaba sola.
Era yo una gigantesca y orgullosa embarcación, que había apenas visto el gran témpano de hielo que le retaba. Era una embarcación cargada de pasajeros alucinantes, bellos recuerdos y detalles en primera clase, y fuertes convicciones y sentimientos en la clase obrera. La embarcación perfecta, rumbo al paraíso.
De esa manera pude entender porque los desastres se repiten cuando las cosas son magnificentes.
No podía tomar otro camino. No podía esquivar ese témpano de hielo. Ese témpano era la prueba fehaciente de que mi barca no era tan magnifica. Era la prueba de mi orgullo. Era la fría muerte de mi amor, esperándome a 20 metros en frente de su casa.
Con un gran nudo en la garganta me fui acercando. A medida que me acercaba fui detallado el paisaje. Ella estaba al lado derecho de un tipo que hablaba recostado de un carro que yacía estacionado en la acera. Efectivamente había también una persona dentro de aquel vehículo quien le dirigía la palabra con atención a aquel tipejo.
Me repetí muchas veces antes de llegar a tocar su hombro – “Realmente quieres vivir este momento… tu sabes que no lo vas a olvidar… tu sabes de lo que estas hecho” –
Pero definitivamente creo que tengo muy en claro de lo que estoy hecho. Y si me preguntaran ahora mismo ¿de qué?, tendría que decirles simplemente: “Detalles”. Estoy hecho de innumerables detalles que se anidan unos con otros, que tienen una relación en mi mente y que a veces me cuesta distinguir cual puede ser más real o verosímil de ellas, aunque para mis adentros son lo suficientemente reales como para destruirme o recrearme.
Toqué su hombro. Dije – “Hola… te he estado llamando toda la tarde.”. Ella con cara de quien ha sido tomado por sorpresa me devolvió el saludo, y me beso rápidamente en la boca, como para que nadie se diera cuenta y pensaran que se trataba de un beso en la mejilla. Pero su plan no pareció funcionar, ya que el individuo que estaba dentro del vehículo dijo a un tono bastante alto, dirigiéndose a mi – “¿Se puede saber que haces tú dándole un beso a mi novia?” –
Mirándolo a los ojos lo único que pude sentir fue como hervía mi sangre. No podía creer que estaba escuchando eso… no después de haber pasado 4 años con ella. Era casi imposible escuchar salir ese comentario de una boca ajena. Pero en cuestión de segundos y antes de poder reaccionar de alguna manera más que con mi cara de susto, la miré, y ella sonrió, eso me extraño más todavía, así que lo miré a él nuevamente y éste comenzó a reírse. Entonces comprendí que se trataba de un chiste, de un mal chiste, en un pésimo momento.
Éste individuo del humor pésimo se bajo del vehículo mientras seguía intercambiando palabras con el tipejo que estaba a mi lado izquierdo. El mal comediante acomodaba su chaqueta mientras hacia comentarios insulsos acerca del vestuario que tuvo que ponerse ese día y que los pantalones que tenía se los había buscado en un sitio X…. blah blah blah.
Fue en ese momento en que pude reconocer al gran payaso sin gloria. Se trataba de uno de los concursantes del peor real show que ha tenido la televisión venezolana (protagonistas de novela). Se llamaba Angel.
Irónicamente mi mente ató los detalles de ese encuentro. Era como si el destino me jugara una mala broma, como si yo formara parte de un mal chiste contado por un humorista de segunda.
Recordé como hace, quizás ya, casi un año nos habíamos topado con ese individuo en una discoteca llamada “Goal”. Yo estaba en compañía de mi novia (como la solía llamar en ese entonces) y de una de sus “mejores amigas”, Laura. A diferencia del día de hoy ese había sido un momento de gracia y alegría. Laura se sentía atraía por ese payaso, e inocentemente yo decidí llamarlo y presentárselo para darle un toque pintoresco a nuestra estadía en el local. Angel muy cariñosamente se presento de una manera caballerosa mientras soltaba uno que otro comentario halagador. Luego se marchó. Y nosotros 3 reímos y bromeamos acerca de aquel momento que ingenuamente recordamos con cierta alegría pasajera.
Ese payaso actuó en mi reino cuando todavía tenía reina, y ahora se burlaba de mí, cuando yo yacía en escombros. Inocentemente me mostró la ironía del destino, y no fue más que la introducción a lo que estaba por venir.
Para ese momento ya yo me había apartado de aquellos dos personajes. Alejándome para poder hablarle a ella. Entonces le dije – “¿De que se trata esto, por qué no me atendías las llamadas?” – Lógicamente no podía entenderlo, ya que supuestamente nos encontrábamos en un período de prueba, al cual miserablemente llamamos “Oportunidad”. Por supuesto la oportunidad era para mí. La oportunidad de recuperar su amor. La falsa oportunidad que ella me prometió en un momento por la cruel razón de no seguirme escuchando.
Y ella respondió – “No quería atenderte…”. –
Sus palabras se enterraron en mi corazón, y apretaron aun más el nudo en mi garganta. Yo podía oler su sentimiento de culpa y su vergüenza. Vergüenza de mí, y conmigo. Vergüenza ante el tipo que yo desconocía.
– “Debo suponer que estas saliendo con este carajo, ¿acaso te gusta?” – Dije. Cómodamente ella asintió – “Si, hoy me llamó y salí con el. Él me atrae, me llama la atención, así que decidí salir con él, aunque es primera vez que lo hago.” –
La crudeza de sus palabras era tal que me hacían dudar acerca del amor que debía profesarle. Su aliento estaba bañado de alcohol y de rabia. Rabia de verme allí y haberla descubierto.
¿Primera vez?… cómo creer en eso, si supuestamente me había dado una oportunidad. Cómo creerle si ella me había prometido expresamente confesarme si en algún momento decidía salir con alguien o si se sentía atraída por otra persona.
Me sentí engañado. Traicionado.
Entonces se acercó el tipejo. Una persona delgada (muy adecuada a sus gustos), de ojos claros y cabello castaño claro semi largo. Con ojos vidriosos por el alcohol el muy descarado se dirigió a ella diciendo – “Voy a estar en frente tomándome un whiskey.” – Ella asintió con su cabeza, casi como pidiéndole disculpas y llena de vergüenza. Luego él cruzó la calle y se fue al restaurante Fridays.
Pude darme cuenta que no solamente el tipejo tenía la pinta que a ella le gusta. Sino también era un ser disimuladamente sociable que le gusta conocer gente del ambiente para resaltar, y por su puesto, por su último comentario, disponía de dinero. Pudo muy cómodamente decir “Voy a tomarme algo” o quizás “Voy a tomarme una cerveza”, pero sus intenciones eran más que el simple hecho de transmitir la información de su localización.
El mensaje oculto para mí era, “Tengo dinero”. Claramente ese mensaje no era el mismo para ella. El mensaje para ella era, “Quiero pasar este mal rato con una bebida fuerte”. De esa manera, muy inteligentemente, aunque particularmente pienso que muy ingenuamente, el logró su cometido. Cada quien atrapó el mensaje correspondiente, a pesar de que pude interceptar ambos.
Ya destrozado, fui camino a la entrada del estacionamiento de su residencia. Para no caerme, porque mis piernas temblaban como si sostuvieran toneladas sobre si mismas. Me senté en un pequeño muro.
Ella me acompañó, e intercambiamos palabras.
La conversación resultó lo suficientemente hiriente como para nunca olvidarla. Ese fue su último gran regalo. Insinuándome que era su tormento, que la acosaba. Pidiéndole disculpas por perder la calma. Lamentándose por aun tener que verme próximamente a causa de su computadora estropeada, aun en mi casa. Recordándome una y otra vez, de mil y un maneras que simplemente ya no me amaba. Y restregándome su descarada prisa por ir al encuentro del tipejo nuevo al local de en frente.
No sólo con eso, y por haber indagado, me encaró con la triste realidad de su atracción por el otro. Explicándome la casi segura ocasión de unos besos y caricias con esa maldita boca maltrecha.
Ya sin aliento. Sin voz. Con un abismo en mi pecho y el típico nudo en la garganta, mis lágrimas decidieron saltar a mi rostro como un vaso rebozándose de agua, y le dije – “¡Que ironía!, yo aquí destrozado de amor por ti… y aquel tomándose un trago, y sin sentir por ti una cuarta parte de lo que siento, irás a su encuentro.”
Pude ver en sus ojos lo absurdo de mi significado. Y su inerte prisa que solo pedía a gritos que me fuera. – “¿Cómo tienes alma para hacer esto?”, Reclamé – Me puse de pie y mientras me hacía a un costado exclamé – “¡Bendita sea la inocencia de ese ser!… ¡Tiene demasiada suerte!… Cuídate.” – Y alejándome continué pensando en lo incompleta de mi frase, el vivo reflejo de cuando no se dice todo lo que se piensa para no herir – “Bendita sea la suerte de ese ser… Tiene demasiada suerte de no amarte. Cuídate… de tu necia voluntad por surgir de donde lo tienes todo”.
Alejándome… la observé una vez más. Cruzar la calle y patear mi dignidad. Rumbo al encuentro de otro. De una nueva sonrisa. Al encuentro de la incógnita de un pensamiento distinto. Otros labios, otra mirada, otro cuerpo. Otro que le ofrece lo que yo ya no puedo. La emoción de una primera vez.
La sutileza de un primer encuentro derrumbó mi obra maestra. Mi más bella relación sucumbió ante las necesidades más básicas de una mujer. Libertad mal interpretada. Decepciones sin ánimos de ser superadas.
Bien es cierto que nada es eterno. Todo muere. Pero ese detalle no es excusa para no aceptar que existen ciertas cosas que pueden morir junto y con nosotros.
Así que me llevé mi despreciado amor en un bolsillo.
Mis sospechas, mi más profundo temor se había materializado justo en frente de mis ojos.
Mi magnificente embarcación había naufragado. Se hundía hecha pedazos, con su capitán a bordo y todos sus pasajeros aterrorizados.
Entré por las puertas de mi propio infierno. Y sin remedio alguno caminé hasta mi vehículo.
En medio de mi desafortunada experiencia me vi retratado en uno de los roles que nunca pensé interpretar. Y así mismo, en medio de cuestionamientos a Dios, en medio de lágrimas, arrepentimientos y muchos “¿por qué?”, llegaba a la sabía conclusión que no dependía de mí decidir cuales papeles interpretaría en mi vida. Ellos llegaran en su debido momento, sin importar cuan benditos o malditos puedan ser.
Entonces llegué a pensar – “Lo vivirás en carne propia” –
Sumergido en el despecho, me dirigí al primer cajero automático de la zona. Retiré algo de dinero y emprendí mi propia marcha en busca de un objetivo necesario para la circunstancia… alcohol.
Fui comprando cervezas en el camino. Por donde pasara y se me acabara la bebida hacia una corta parada en busca de más. Fumaba y tomaba, como quien usa un bálsamo para aliviar el dolor. Pero lo único que lograba era incrementar el grado de mi pensamiento obsesivo. Hundiéndome cada vez más, continué sin darle mayor importancia a lo que sería de mí.
Entonces, con mi errante conducir, pasaba justo por la avenida principal de Las Mercedes cuando el tráfico se detuvo sorpresivamente. Aparentemente sin motivo alguno. Encendí un cigarro más con el rostro bañado en lágrimas tratando de calmar mi crisis. El tráfico avanzaba muy lentamente.
Bajé el volumen de la radio cuando pude observar que a escasos metros del semáforo había un choque. Eso era el motivo del tráfico repentino. Un choque que al parecer había ocurrido hace algunos minutos. A mi lado izquierdo pasó muy rápidamente una moto deportiva con una bella chica de parrillera que llevaba un pequeño bolso blanco colgando de su espalda.
Detalles… más detalles tocaban a mi puerta. Para mi sorpresa uno de los vehículos protagonista del choque era un Corsa blanco, que yacía completamente sobre la acera de la esquina izquierda impactado contra el muro de un edificio. Irónicamente recordé como mi antiguo vehículo, un Corsa gris, había quedado de la misma forma en una esquina de Plaza Venezuela cuando fui impactado por un Malibu. Milagrosamente salí ileso de aquel viejo siniestro, yo y mis acompañantes de aquel día.
El segundo personaje del choque era un rústico cuatro puertas, cuya marca no puedo recordar, posiblemente una Cherokee o una Toyota. Esta Camioneta estaba mucho menos golpeada, apenas se podían apreciar unos daños en su parte frontal.
Por desgracia el conductor del Corsa no parecía haber tenido tanta suerte. Quedé completamente paralizado cuando vi el bolso blanco a las espaldas de la muchacha de la moto. Ella estaba arrodillada sobre el pobre infortunado conductor del Corsa, un muchacho joven vestido de jean y franela Adidas. Clavé mi mirada fijamente en esa fotografía, seguidamente el conductor de la moto sostenía la cabeza del muchacho, y ambos, la chica sosteniendo su mano y el otro sosteniendo su cabeza exclamaban desesperados pero con mucha esperanza – “¡Tú puedes con esto!… ¡Vamos, todo va a salir bien!… ¡Resiste por favor, yo sé que tu puedes!”.
Aún conmocionado seguí de largo. Pisé el acelerador a fondo. Y me pregunté – “¿Así llegarán los mensajes de Dios a nuestras vidas?” –
No sólo era irónico el mismo hecho que fuera una reproducción en otra localización de un choque en el que yo había estado, y que gracias a Dios había salido ileso. Eso era la parte más básica del mensaje, donde se me decía “Todo pudo ser peor… Todo puede ser peor”.
También me perturbaba lo paradójico de las palabras dirigidas de parte de los motorizados hacia el pobre muchacho. Era como si justamente tenía que escucharlos en ese momento en que mi soledad no me permitía escucharme decir esas palabras de consuelo. Era como si el universo estuviera de alguna extraña forma dando a cada uno de nosotros lo que realmente necesitaba ver, escuchar o experimentar.
Aquellas palabras me acompañaron por el resto de la noche… “¡Tú puedes con esto!… ¡Vamos, todo va a salir bien!… ¡Resiste por favor, yo sé que tu puedes!” y con todo el respeto me las tomé personalmente, a pesar que no eran para mí, extrañamente les había prestado atención. Necesitaba escucharlas, necesitaba sentirlas en aquel momento donde quizás el alcohol y mi crisis me hubieran llevado a un lugar menos apropiado.
Un poco más tranquilo, con un leve sollozar en mi mente continué mi camino. Compré una cerveza más. Y me fui de nuevo al lugar de los primeros acontecimientos de la noche.
Estacioné el vehículo en una farmacia de la misma cuadra. Me bajé y caminé hacia el edificio nuevamente. Pasé por el lugar donde justamente ella estaba hablando con Angel y el tipejo. Pasé luego el pequeño muro donde descansé mis piernas y hablé con ella. Y seguí directo a las puertas de su edificio. Me detuve justo en frente del intercomunicador y soñé despierto lo que muchas veces había sido una trivialidad molesta para mí… marcar su número de apartamento, avisarle que estaba abajo, y esperar a que finalmente bajara. Podía verla bajar las escaleras del fondo del pasillo. Podía verla tocar el interruptor que abre la puerta y luego acomodarse ligeramente el cabello en el espejo a su izquierda… Finalmente llegó a la puerta y me sonrió, como siempre suele sonreír. Abrió y me saludó con un tierno beso en la boca…
Ya ese momento no se repetirá jamás. Ahora ese momento tiene una importancia invaluable en mi vida. Y una importancia miserable en la de ella.
Dejé de soñar y caminé hacia un costado, donde estaba la tienda de sastrería con la santa maría abajo. Miré al piso al lado derecho de la santa maría y observé un solitario vagabundo arropado de los pies a la cabeza. Me hice más al lado izquierdo, llegué al otro extremo de la santa maría y allí me senté. Empinando mi cerveza después de cada aspirar del cigarro y viendo el friolento temblar del mendigo arropado, que lentamente me fue contagiando. Primero su frío, más tarde su absoluta sensación de abandono.
Aquel hombre friolento destapó su cabeza al sentir mi presencia. Me miró a los ojos, y sin pedir explicación alguna ni hacer mayor hincapié en nada, dijo – “Hola primo” – Incorporándose nuevamente a su posición de capullo.
Le devolví aquel corto saludo igualmente sin importar que hubiera pensado aquel hombre de mí y continué con mi cerveza.
Recordé. Quizás demás, en aquel lugar. Hice innumerables oraciones y pedí gran cantidad de deseos. Allí agoté hasta la última gota de mi esperanza… y de mi última cerveza.
Por fin, me incorporé y me dirigí al vehículo. No sin antes voltear y verla una vez más cruzar la calle, sin mirarme, dándome su espalda.
Encendí el vehículo y rodé directamente a la cuadra donde estaba el teléfono mágico, entonces, llamé al amigo que me había dado el truco. Para colmo, me atendió la contestadora, así que le dejé un breve resumen de menos de un minuto de todo lo que había pasado esa noche.
Finalmente me fui a casa ese día, como a eso de las 5:30am.

Lógicamente, a los días pude enterarme que las cosas habían sido un tanto diferentes, como siempre lo son. Ella confesó en una llamada telefónica que se había besado con el tipejo incluso antes de llegar a encontrarme esa noche…
Faltó su palabra de supuesta oportunidad que me brindaba, de la manera más básica que comúnmente se le puede llamar infidelidad. ¿Será infidelidad si ya no me amaba?. Para ella no lo es así. Para ella, simplemente no dijo la verdad del todo. Para ella solamente estaba jugando a ser misericordiosa con un ser que aun la amaba con toda el alma. Pero para mí, tristemente, sigue siendo una infidelidad. Una traición demasiado pronta e imborrable en mi conciencia. Para mí es una pesadilla que se ha hecho dueña de mis noches. Para mí es un pensamiento obsesivo que se ha hecho dueño de mis días. Es un estado permanente de semi conciencia entre dormido y despierto. Un letal insomnio en la absoluta pureza de su significado.

Esto no es una historia, ni un cuento, ni un mito. Es un gran paso… un gran paso para los que aun no han concebido la infinidad de la estupidez humana.
Lo tuve todo y lo perdí. Ella lo tiene todo aún, pero ya no lo ve así.
Ambos buscamos una solución lejos de nosotros. Una persona mejor que nunca llegará. Porque no existen mejores ni peores. Solo existe el amor y la fé en cada una de sus diferentes facetas…

y DETALLES.

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El manco

Monday, November 1st, 2004

En mi mano derecha sostengo
el amor con mi meñique
la nostalgia en mi anular
el ego en el medio
el sueño con el índice
y la alegría y la tristeza sobre mi pulgar

En mi mano izquierda sostengo
el odio en mi meñique
el rencor con mi anular
el egoísmo en el medio
la culpa con el índice
y el miedo y la paz sobre mi pulgar

Ciertamente…

Una mano lava a la otra
Y las dos lavan mi rostro

Una mano acaricia, otra mano hiere
Y las dos juntas me ayudan a rezar

Son mis manos las que crean
Son ellas las que destruyen

Soy yo quien lanza las piedras al mar
con la esperanza de llenarlo

¡Pero entiéndeme Dios!
No soy ambidiestro…

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Apertura de Blog

Monday, November 1st, 2004

¡Hoy he decidido aventurarme en el misterioso mundo del Blogeo!

He creado las categorías básicas con las que creo poder abarcar al menos los puntos claves de mi vida. No fue tarea fácil tratar de resumir en 5 temas fundamentales lo que quiero decir, pero bien es cierto que el que mucho abarca poco aprieta, así que para ser mi primera experiencia con un Blog me parece suficiente.

Sin más, pasaré a dar una breve descripción de lo que en realidad cubre cada categoría:

- Ayer, hoy y mañana…: Aca narraré mis experiencias del día a día. No tan formalmente contadas como se haría en un diario, pero degamos que a groso modo lo más importante que ha pasado, que pasa o pasará en mi entorno.

- Entre líneas: Justo como se deben imaginar, aca podré publicar algunos de mis escritos, que a su vez estarán clasificados en Ensayos; Frases; Historias; y Poemas.

- IT Surf Home: Todo lo relacionado con el mundo de las tecnología, por supuesto, aquello que considere de importancia.

- Los detalles: En esta categoría pordré narrar mis experiencias más aleccionadoras, las más traumáticas, las peores, las mejores, etc.

- Otras cosas: Cualquier publicación que no cale ne ninguna de las anteriores.

¡Espero que disfruten la lectura!

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